lunes, 30 de enero de 2012

Sobre una francachela con un libro del viejo Buk

"o
arribó a
Nueva York a
5:30 p.m.
con una maleta de papel
y
7 dólares."


Hoy no fumaré frente a las personas que odian ese hábito.

He vuelto a gozar la literatura como si tuviera catorce años, como esa vez en que leí la primera novela y abrí la boca de azoro y de espanto por el abrumador mundo que me mostraron todos esos literatos de los que me he ido nutriendo.

He vuelto a leer y sigo abriendo la boca de azoro y espanto.

Tengo amigos varios que se han victimizado, que se han construido, igual que yo, a partir de cosas que también han leído o pensado. Recuerdo numerosas entrevistas de varios autores que confiesan no saber si sus ideas realmente las han pensado o son producto de los libros que han leído. Me identifico con ellos, me reconozco en sus líneas, mas no en su genio.

Tengo amigos también que se molestan en leer textos de los que hablo tan afanosamente; otros tantos, han tenido la cortesía de leer los míos, quizá el acto público más indecente que haya hecho.

Hay uno, por ejemplo, del que siempre he pensado que en tiempos muy remotos fue un viejo lobo de mar, uno de esos perdedores, pero que saben escribir. No sé si sea una postura que él mismo se adjudicó o en realidad fue la literatura quien decidió darle ese lugar. No lo sé, pero me gusta pensar que es uno de esos viejos lobos de mar con quien ya me había encontrado.

“Tienes la vena, pero no por eso te la creas” me dijo alguien alguna vez. No hice caso, le creí y desde entonces no dejo de escribir, aunque sean cosas cortas, mediocres.

Nunca confundas la literatura con una diatriba que traes muy adentro o algo así me dijo un compañero. Ten respeto por el lector y por ti, sentenció.

Pero he vuelto a leer con el mismo asombro de mis catorce, con ese ímpetu de seguir y seguir las líneas una tras otra entramando un laberinto del que ni siquiera se pretende salir, de ir en vilo por ese espiral que es la buena literatura, esa de la vieja escuela.

Pero he vuelto a leer y lo que es más vil: he vuelto a escribir.

Con un temple distinto, pero con el mismo sentimiento contradictorio de saber qué es lo que puedo hacer y lo que no.

Seguir en el combate: es esa clase de guerra como escribió el viejo indecente.

Ya está hecho, volví a cumplir doce o trece años con una nueva historia que no había leído jamás, con mis pupilas sintiendo el efecto que sacude, ese que uno descubre cuando entra a un sitio desconocido, cómodo, sin embargo.

martes, 27 de diciembre de 2011

Las orillas que contienen tu litoral...

En unas cuantas horas hará un mes que no te veo y si en cinco días no tengo noticias, supongo que tendré que comenzar a echar los recuerdos-residuos sobrantes por la borda de mi cama. Ojalá pudiera hacer lo mismo con la imagen espectral y sonriente que conservo de ti para soltarte y te eleves como globo, para que despegues de mi boca tus labios rosados y suaves, para que me deshaga como el cuerpo acuoso en el que de vez en cuando me transformo.

He intentado deshacerme de ti, me consta. Te he puesto ante imágenes más grandes que la tuya y no consigo verterme por completo en besos más genuinos que los tuyos, con abrazos más sinceros y esas despedidas que no tienen el mismo efecto: saberquevolverás, no, no es lo mismo.

Los lugares de tiempo y espacio anacrónico, las noches tropicales o citadinas envueltos en el sopor de un auto a cuatro grados centígrados son antítesis que no se esfuman con la facilidad que uno quisiera, ya lo ves, así pasa: las cosas no siempre salen como uno las piensa. Ya no pretendo declarar que ya no te amo o que te extraño para que de nuevo no las leas, para que vayas corriendo a deshacerte de ese estigma en otros brazos que eliges deliberadamente.

¿Qué hay entre el mar y la niebla cuando oscurece? Eso, un eco que viaja como un rumor prohibido; esta vez tu oleaje cadencioso ya no llegará a relamer las orillas de mis playas secas, mis comisuras resecas ya no las mojará tu perfume con olor a dulce, a dona krispy kreme.

Los desplantes, los llegar tarde a nuestro sitio, los actos circenses, las tragicomedias que inventamos como jugando parecen odiar el tiempo que se conjuga en un futuro poco probable, me arden en la sienes, en la garganta cual si fuera el cigarro rancio a medio consumir de días anteriores; el trago de agua fresca parece revitalizar, avivar con más fuerza el exangüe fuego que jamás hubo entre nosotros, otra vez una imagen puesta más a fuerza de semejanza entre un tú y yo que sólo ocurrió una vez.

De lo que sí daré cuenta es que a estas horas de alturas no sé qué haría si como por arte de magia o embrujo aparecieras, me lo pensaría más de dos veces si decidirme a perpetuar el “nada pasó y todo normal” o inventarme otro adiós sin plazo definido y eso lo atribuyo a la influencia de una canción que es tan mía pero no tuya, no obstante, debería admitir que me quema el eco de tu voz; debería, pero no lo haré.

En pocas horas hará un mes que no te veo y si en cinco días no tengo noticias, continuaré preguntándome ¿Qué hay entre el mar y la niebla cuando oscurece? Una imagen que se lava o se deslava, o será simplemente “este amor que arrasa.”

Responde que ya no siento el escozor que se esconde tras del eco de tu voz, Ana.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Lo demás es lo de menos

Tengo la necesidad de ya no verte, Ana, de engullirte a ti y a tu recuerdo como agua, a ver si desapareces, si claudicas o te cansas y envileces. Por eso cuando te vayas, procura a toda costa que me entere para tirarte a la cara mil cosas y todo el cariño que te tengo.

Cuando te vayas, procura hacer mucho ruido, vete por la puerta principal para que despiertes en mí el ánimo de detenerte. Haz escándalo, grítalo a todos, diles que me dejas solo; hazlo con el mismo ímpetu falso con el que de nuevo finges cargar las maletas vacías.

Cuando te vayas, senténcialo: “¡Órale! por marica”, prefiero escuchar eso a musitar: “Sí, pero no me chingues las retinas con tus pinches disculpas y clamores.” Cuando te vayas, procura a toda costa que me entere, para no jugar a hacerme el fuerte, para que veas cómo ya no suplico que te quedes.

Cuando te vayas, si te vas.

miércoles, 25 de agosto de 2010